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Infraestructura··5 min

El respaldo que nunca probaste no es un respaldo, es una esperanza

Casi toda empresa que conocemos 'tiene un backup'. Muy pocas lo han restaurado alguna vez para comprobar que de verdad funciona. Esa diferencia —entre tener una copia y saber que se puede recuperar— es la que separa un respaldo real de una falsa sensación de seguridad.

Un disco duro dañado, un ransomware, un robo de equipo o un simple apagón pueden pasar sin previo aviso, y una sola computadora puede contener años de trabajo que nadie más tiene: facturación, contabilidad, contratos, la base completa de clientes. La pregunta que hacemos siempre es incómoda a propósito: si esa máquina desapareciera hoy, ¿en cuánto tiempo estarías operando de nuevo, con qué tan actualizada la información?

Seguimos la regla 3-2-1 para cualquier estrategia de respaldo administrado: 3 copias de la información, en 2 medios distintos, con 1 de ellas fuera de sitio en la nube — para que ni un incendio en la oficina, ni un ransomware que cifra todo lo que encuentra en la red local, se lleve la única copia que existe. Cada respaldo se cifra de extremo a extremo con AES-256 desde el origen, y viaja por un canal seguro hacia la nube.

Cómo lo resolvemos

Equipos y servidores
Agente ADM DRP
Copia cifrada en la nube
Prueba de restauración

Pero la parte que de verdad diferencia un servicio administrado de 'instalar un software y ya' es el monitoreo diario y las pruebas de restauración periódicas. Un respaldo que falla silenciosamente durante semanas —porque nadie revisa el log— es indistinguible de no tener respaldo, hasta el día que se necesita y no está. Por eso verificamos cada respaldo a diario con alertas automáticas, y hacemos simulacros de restauración reales, no solo confiamos en que 'el proceso corrió sin error'.

El costo de un servicio de este tipo siempre se compara, mentalmente, contra 'no pasa nada'. Pero la comparación correcta es contra el costo real de perder la base de clientes de una empresa, o la facturación de los últimos tres años, un martes cualquiera sin previo aviso. Ese es el cálculo que hacemos con cada cliente antes de hablar de un plan.

Sin propuestas prefabricadas

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